La agresión redirigida en mascotas ocurre cuando un obstáculo se interpone en la trayectoria de ataque del perro y este, por frustración, redirige su agresividad hacia otros objetos, perros o personas. Normalmente esta agresividad la conduce hacia la parte de atrás donde se encuentra el guía recibiendo un buen mordisco.

En muchas ocasiones, el perro quiere morder algo o salir corriendo y la frustración que le produce que le impidamos hacerlo hace que esa rabia y efusividad cambie su dirección y el perro produzca una agresión en el dueño.

Este tipo de agresiones se puede entender mejor si nos ponemos en situación.  Imagina una pelea entre dos perros y los dueños tratando de intervenir para separarlos. Los perros tienen focalizada su atención en atacarse entre ellos y, en ese momento, cuando los guías tratan de interrumpir la discusión estos redirigen el ataque hacia otro foco. Es muy probable que este nuevo foco sean los brazos o las piernas del propietario que estaba tratando de separarlo.

La agresión redirigida es muy común en perros que no salen de forma regular a la calle y pasan mucho tiempo encerrados ya que su nivel de frustración es mayor. Además es frecuente en perros que no se socializan correctamente por ello es tan importante el adiestramiento canino y el conocimiento de otros perros.

En definitiva, la agresión redirigida se parece mucho a la agresión por frustración con la excepción de que el perro no tiene por qué estar frustrado. La agresión redirigida ocurre cuando un perro está frustrado o muestra agresión hacia una persona, animal o cosa y una tercera persona o animal interfiere. El perro redirige su agresividad hacia la persona o animal que interfirió cuando él estaba mostrando agresividad hacia otra cosa. Esto es por qué la gente a menudo es mordida cuando tratan de separar perros que se están peleando.

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